jueves, 7 de abril de 2011

Desesperación ante el crimen



El Universal
Género: Editorial
Publicación: 7 de abril  de 2011
Autor: Redacción

Desesperación ante el crimen En un hecho pocas veces visto, se celebró ayer una misma marcha en decenas de ciudades de México y el mundo. Fue una movilización de indignación y coraje por el asesinato del hijo del poeta Javier Sicilia, víctima —no sabemos si colateral o directa— de la lucha contra la delincuencia organizada.
Esa muerte generó tan amplia reacción, no porque valga más que los otros miles de fallecidos durante el actual sexenio, sino porque representa el alto costo social al que ha llegado la batalla contra la delincuencia organizada —incluidas las vidas de quienes no participan de ella— y porque algunas versiones no confirmadas apuntan a que los asesinos habrían sido elementos militares o policías, ligados a los delincuentes a los que, se supone, deben combatir.
Es verdad que hay que poner todo en su justa dimensión, como reclama el gobierno federal, y en ese sentido debe tenerse claro que los primaros responsables de la violencia son los criminales, que usan su capacidad dé fuego para mantener en pie sus ilícitos negocios, y que durante décadas autoridades de los tres niveles de gobierno dejaron crecer.
Una vez establecido ese principio, es exigible a las autoridades resultados, no sólo en términos de detenciones y decomisos, sino de tranquilidad para las comunidades asoladas por la violencia.
A la desesperanza que genera un crimen como el de Sicilia se suman los cálculos de Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública federal, quien estima que faltan alrededor de siete años para que la violencia comience a amainar. El dato puede ser realista, pero no tranquilizador.
Es uh hecho que la sociedad no desea, ni un minuto más, esta desazón. Se oyen voces desesperadas que lo mismo piden cancelar garantías individuales y pasar a un Estado de excepción que pactar ya con los narcos y dejarlos "trabajar". México no debe transitar por ninguna de las dos alternativas.
Urge afinar la estrategia seguida hasta ahora y atacar a los criminales, no sólo con armas, sino también con policías, militares y marinos honestos; con mejor trabajo de inteligencia para desbaratar células; con un verdadero seguimiento al lavado de dinero; con la reconstrucción en serio del tejido social en zonas de alta violencia —que habría de ir más allá de hacer canchas de basquetbol—; y con un todavía más enérgico llamado a la corresponsabilidad de EU, país altamente adicto, pero omiso a cualquier acción para abatir su consumo. Urge hacer muchas cosas, y pronto.

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