viernes, 4 de noviembre de 2011

El plástico, poderoso caballero


El Universal
Género: Opinión
Publicación: 4 de noviembre de 2011
Autor: Luis Maldonado Venegas

El trueque de bienes materiales fue precursor del dinero (del latín denarius, y éste de dinar, moneda usada originalmente en algunos países árabes), en las sociedades primitivas. Herodoto da cuenta de la acuñación en Lidia, la Turquía de hoy, de las primeras monedas que se conocen, en el siglo VII a.C., y con la aparición de las monedas los propios lidios dieron el siguiente paso al crear establecimientos cambiarios en lugares fijos.

De oro y plata fueron las primeras aleaciones, o bien de uno u otro metal. Ya Carl Menger, fundador de la Escuela Austriaca de Economía, en su ensayo El origen del dinero (junio de 1892) señalaba cómo Aristóteles y Jenofonte, y siglos después los economistas escoceses John Law (1671-1729), inventor del papel moneda en Europa, y Adam Smith (1723-1790), se ocuparon de la peculiar adaptabilidad de los metales preciosos para ser acuñados y servir como medio de cambio. Y no sólo los metales (también se acuñaron monedas de cobre, bronce o níquel). Justo es decir que en América, por ejemplo, se emplearon las semillas de cacao, las plumas de aves exóticas, etcétera, en operaciones de trueque.

El caso es que el dinero evolucionó como medio para adquirir mercancías, bienes y servicios: letras de cambio, billetes, cheques, acciones corporativas, bancos, bolsas de valores, inversiones bursátiles, internet y, con esta herramienta electrónica, el desplazamiento del dinero a velocidades nunca antes imaginadas: en un segundo miles de millones de dólares o de euros van hoy de Pekín a NY, de Melbourne a Chicago.

De la mano de esta evolución se multiplicó la intermediación financiera y aparecieron nuevos sistemas de crédito, medios de pago, transferencia de fondos… y el dinero plástico.

Se acepta que fue la Western Union, en 1914, la primera en emitir una tarjeta de crédito. Diez años después, la General Petroleum Corporation emitió tarjetas para la compra de gasolina y siguieron el ejemplo los más diversos negocios.

En 1950 apareció en el escenario la primera tarjeta de crédito aceptada en numerosas empresas: la Diners Club. Y en 1951 el dinero plástico entró al mundo bancario: el Franklin National Bank de Long Island, Nueva York, emitió su primera tarjeta de crédito.

Lo demás es historia. Los usuarios de tarjetas de crédito se cuentan por millones. Abundan los adjetivos para el uso del dinero plástico: útil, necesario, indispensable, peligroso, riesgoso. La gente ya no compra sólo cuando tiene dinero, sino cuando quiere hacerlo.

Ya lo escribió don Francisco de Quevedo (1580-1645) en célebre letrilla: Son sus padres principales,/ y es de nobles descendiente, porque en las venas de Oriente todas las sangres son reales./ Y pues es quien hace iguales al rico y al pordiosero, poderoso caballero es don Dinero.

Pero hay, desde luego, otros valores. Muchísimos otros valores.

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