viernes, 28 de enero de 2011

[Jorge Fernández Menéndez. Razones] Los enfrentamientos y el mando único


En la noche del martes pasado un grupo de policías federales recibió la denuncia de que, a dos cuadras del hotel donde residen elementos de la PF en Ciudad Juárez, había un grupo de hombres armados vestidos de civil. Se dirigieron al lugar y se toparon con ellos. Nadie sabe exactamente qué sucedió después: los miembros de la Policía Federal dicen que les pidieron a esos hombres que se identificaran y éstos no lo hicieron y les apuntaron con sus armas. Respondieron el fuego y uno de esos hombres murió. Los custodios del presidente municipal de Juárez, Héctor Murguía, pues éstos eran los hombres armados desconocidos, dicen que recibieron la agresión en forma directa. 

No coinciden, además, ni el horario del enfrentamiento ni el lugar. Los mandos de la Policía Federal han puesto a los cuatro elementos de la corporación involucrados en los hechos a disposición del Ministerio Público, mientras que el alcalde realizó una larga serie de acusaciones y respaldó, sin matices, la versión de sus custodios que pertenecen a la Policía Municipal. Incluso pidió, originalmente, la salida de la Policía Federal de Ciudad Juárez, aunque luego se retractó de sus declaraciones.

Las historias de enfrentamientos entre distintos cuerpos policiales, de golpes de unos a otros, podrían continuar por muchas páginas. Lo cierto es que no se sostiene la actual situación, la balcanización de los cuerpos de seguridad sin mandos ni modelos homologados únicos. 

Por ejemplo, ¿quién manda, en términos policiales o de seguridad, en Juárez? Allí está el operativo de la Policía Federal desde hace meses. Se supone que debería tener bajo su mando a las fuerzas locales y ello tendría que involucrar a los cuerpos de custodios, incluido, por supuesto, al del presidente municipal. Pero hemos visto que no es así: que los custodios del presidente municipal ni estaban coordinados con las fuerzas federales ni estaban controlados por ellas ni recibían, obviamente, órdenes de esa corporación. 

No sé, será difícil establecerlo, cuál de las versiones del enfrentamiento es la real, pero lo cierto es que, en un lugar como Juárez, con la tasa de violencia más alta de la República y grupos criminales y pandilleros operando continuamente, la posibilidad de un enfrentamiento entre fuerzas de seguridad que no están coordinadas y con mandos únicos y claros debe ser cosa de todos los días. Se comprende la reticencia de los policías federales: el hotel donde residen, por ejemplo, ha sido objeto de numerosos ataques. 

Se comprende la desconfianza de los custodios del alcalde: no saben si quienes los encaran son o no policías. Pero en esa confusión es donde nadan con toda tranquilidad las organizaciones criminales que la utilizan para operar y hacerse pasar en muchas ocasiones por unos u otros (y no hemos agregado a todo esto el componente militar, que tiene otras características, pero requiere medidas adicionales de coordinación que en muchas ocasiones no son adoptadas).(…)

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