sábado, 17 de julio de 2010

Julio Hernández López. Astillero



· Coopelan o cuello (2)

· Reparto democrático de culpas

· Reconciliación a fuerzas

· SuperBlake, el salvador


La negra tesis de Blake, el nuevo seudónimo de Calderón, ha sido puesta de inmediato sobre la mesa mediática: los responsables de la guerra contra el narcotráfico ahora seremos todos, particular y casi penalmente si no se participa en el nuevo intento de legitimidad mediante leva dialoguista que se ha intitulado "seguridad democrática".


Sin red de protección ha saltado hacia el vacío conceptual el cuarto secretario de Gobernación del calderonismo circense: "No puede haber una política de seguridad democrática si antes no hay una reconciliación de unidad con todos los agentes políticos y sociales".


La frase pasmosa de Blake es apenas una recomposición menos burda que la atribuida al trabajoso funcionario lozano que había buscado quedarse con la secretaría de Gobernación: coopelan, o cuello. O los políticos y la sociedad se reconcilian conforme a los modelos definidos por Los Pinos o seguirá el horror en el país, pero ahora por culpa no de quienes unilateralmente decidieron en Los Pinos arrancar en diciembre de 2006 una "guerra" contra el narcotráfico que nadie pidió ni aprobó, sino de esos malos ciudadanos que hubiesen desoído el llamado del Gran Mago Blake o que no hubiesen sido eficaces para lograr "democráticamente" que se alcanzara el paraíso perdido de la seguridad pública y la convivencia social pacífica.


Ya el planteamiento envenenado había cruzado los discursos oficiales del jefeLipe y el subordinado BlaKalderón el miércoles en que Gómez-Mont había sido dado de baja: seguridad democrática como nueva bandera y alegato: todos somos culpables de que siga la tragedia del combate al narcotráfico mientras no demostremos lo contrario (o seamos abatidos por balas de uno u otro bandos, o seamos secuestrados o golpeados).


Pero ayer, en un afanoso paseo virtual de presentación en periodismo electrónico, el bajacaliforniano secretario de gobierno se esmeró en promover esa grande idea y en hacer, con toda la fuerza política que se le reconoce, y con los ejemplares resultados que mostró en su tierra natal en cuanto a golpes al narcotráfico y habilidad concertadora, "un llamado para que todas las fuerzas políticas converjamos en nuestras coincidencias" (si esas mismas fuerzas convergieran en sus diferencias se llamaría lucha libre: anotación deportiva por cortesía de las Astillas del Pancracio). (…)

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