martes, 22 de marzo de 2011

[Héctor Aguilar Camín. Día con día] ¿Gringo, go home?



No me gusta el pleito que ha hecho renunciar al embajador estadunidense Carlos Pascual. Creo que congelará por un tiempo la agenda binacional en el tema del narcotráfico, el menos constructivo, el más opaco y el menos eficaz de la relación bilateral.

Leyendo el boletín del Departamento de Estado que notifica el término de la misión de Pascual, descubro hasta qué punto la agenda de la embajada estadunidense en nuestro país nos es desconocida. Según el Departamento de Estado, el embajador Pascual debía:
  1. Colaborar en poner los “fundamentos de un mercado transfronterizo de energías renovables”.
  2. “Abrir negociaciones sobre el manejo de las reservas de gas y petróleo compartidas territorialmente por los dos países.”
  3. “Construir una nueva estrategia fronteriza para impulsar el comercio y contener los flujos ilícitos.”
  4. Procurar la convergencia institucional en derechos humanos.
  5. Fortalecer los “intercambios humanos y culturales” de la relación.
  6. “Ir más allá del objetivo inicial de la Iniciativa Mérida” (desmontar los cárteles de la droga) y colaborar “en la construcción institucional de un estado de derecho”.


Todo eso terminó en un cable de WikiLeaks donde el embajador hacía juicios reservados sobre cosas que la prensa mexicana reporta sin reserva alguna: descoordinación de las fuerzas mexicanas de seguridad, cautela del Ejército, activismo de la Marina, etcétera.

Se entiende la molestia del Ejército y del Presidente, pero no hay mucho que celebrar en ella: tomaron la relación por el extremo que quema las manos no por el lado que las estrecha.(…)

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